miércoles, 20 de agosto de 2008

El Aguante de una mujer.


Cuánto te extrañé, cuando desamor sentí, cuantas veces derramé mis lagrimas...Pero me cansé y busqué dentro de mí la razón para volar y vivir en libertad.
Si lloré, si reí si tanto resistí si avancé, si caí nuevamente renací. Decidí caminar y tuve que luchar comprendí el valor de simplemente ser una mujer.
Este loco corazón conoció la soledad descubriendo su poder en su fragilidad. Tuvo que saber el dolor del verbo amar, la aventura de aprender el placer de ser mujer...

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