viernes, 29 de agosto de 2008

¿Sexo?



Por ahora todos volveríamos en el coche de mi madre. Así que todos apretaditos en un mismo coche, emprendimos el dichoso viaje. Mis padres iban delante, con los amigos de mi padre detrás con mi hermana, mi chico y yo encima de él. A poco de iniciado el viaje, siento como el miembro de mi chico se pone erecto. Estaba dura como el hierro.

Me dio un poco de gracia la situación, pero me contuve. Me saqué las zapatillas para quedar descalza y apoyar la planta de mis pies en sus tobillos. Esto lo ponía a mil. Sentir mis pies desnudos y que acariciara con ellos sus piernas, su torso o su vientre era algo que lo excitaba muchísimo. Al hacer esto me alcanzó a murmurar que era una ‘’niña muy muy mala’.

Él mientras tanto, me estiraba la braguita con la mano por arriba de mi falda, con lo que me apretaba el sexo y casi lancé un suspiro. A cambio de ello, lo miré hacia atrás y sonreí.
Comencé a moverme lentamente para masturbarlo con mi culito, me agarró fuerte de las caderas para apretarme más con su pene. Luego me metió una mano debajo de la braguita y comenzó a masturbarme él también.

Mi padre miró por el espejo el movimiento extraño que estábamos teniendo y nos detuvimos. Luego comenzó otra vez el movimiento. Sabía que mi hermana se estaba dando cuenta, pero no diría nada además cuidaba bien que mi padre no se percatara.

Los movimientos de mi cadera y culito eran cada vez más rápidos y fuertes y mi niño me masturbaba el clítoris con un dedo y la vulva con otros dos. En un momento me descuidé totalmente de la mirada de mi padre y me abandoné al placer. No solo el movimiento de la mano de él me excitaba, sino también la dureza de su miembro sobre mis nalgas. La excitación crecía y crecía y lo que comenzó como un juego de caricias mutuo se convirtió en algo muy intenso, estaba por acabar y noté por la respiración de mi chico que él también. Tenía que parar esto, nos mancharíamos la ropa con semen y el olor dentro del auto sería notable.

Mientras pensaba esto, me di cuenta que el desenlace era inevitable. Mi hermana se apoyó sobre el hueco de los respaldos de las dos butacas de adelante para tapar la visión sobre nosotros. ¡Que maestra!, pensé. Él al sentir mi humedad me apretó mi vagina con más fuerza y comencé a acabar de una forma deliciosa. Su pene latía con fuerza, se estaba descargando, como parar la calentura de todo ese día, me dije. Noté la humedad que salía por su pantalón corto y de tela liviana, y me estaba mojando las braguitas y las nalgas.Él aflojó la presión, ya habíamos terminado, estaba empapada de sudor y el semen de mi niño me estaba mojando cada vez más. Comencé a sentir ese olor tan característico y pocos segundos después mi madre se da vueltas y dice:
- ¿Qué es ese olor?
- ¿Sentís?, dirigiéndose a mi hermana
- No, no siento nada, dice ella.
Yo estaba roja, verde, blanca. De todos colores, no sabía donde meterme, un frío recorrió mi cuerpo. En eso veo que mi hermana se agacha y saca un frasco de su bolso, abre la tapa y derrama un poco de perfume sobre la alfombra del auto.
- Ah, si, ahora siento un olor fuerte, ¡que idiota se me está derramando un perfume!, dijo mi hermana.

Mi madre la miró sin mucha convicción sobre lo que le decía. Por suerte el aroma del perfume tapó el otro "aroma" que se sentía. Permanecimos un buen rato callados, yo no miraba a nadie, él estaba petrificado. Llegamos a la ciudad y les dije que nos dejaran por la zona dónde mi chico dormía cada vez que venia a verme.
- Adiós y gracias por todo, dijo él.
- Me bajo con él, no me esperéis levantados…

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