viernes, 15 de agosto de 2008

El Beso de la Vida.



Muriéndonos de frió estábamos acurrucados viendo una película, tapados con una manta grande, cuando de repente sentimos el deseo de acariciarnos el cuerpo. Él, por un lado, empezaba por las piernas a tocarlas suavemente y yo mientras, por el otro, le acariciaba el torso por debajo de su pijama. Pasamos a ponernos las manos en la cara y a acercárnoslas para proseguir con un beso tierno, lleno de dulzura y terminamos por abrazarnos y susurrarnos un ‘Te Quiero’ tras otro, mientras nuestras miradas se fundían y desbrotaban amor el uno hacia el otro.

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